Nuestra aventura por capítulos.

La primera vez que visualicé la Vida como una gran pantalla que contenía TODO, fui consciente de la oportunidad. La vida es la ocasión de aprender, de crecer, de soñar y de cumplir nuestros sueños. Y es que tenemos a nuestro alcance todo aquello que necesitamos para cumplirlos. Sin embargo, hemos aprendido a vivir en la más profunda de las cegueras. Cuando somos pequeños nos enseñan a esperar, nos hacen comprender que no todo se puede obtener en el mismo instante que lo deseamos. Y es cierto. Sin embargo este aprendizaje llevó por añadidura (sin que ello fuera pretensión de nuestros padres) la creencia de que debíamos vivir esperando a que llegara el mañana, el día que finalizara nuestra espera. Perdiéndonos el presente.

El momento oportuno para hacer algo siempre es AHORA. Tal vez no para obtener los resultados, pero sí para escuchar nuestros sueños, darles forma y ponerlos en marcha. A menudo nos resulta complicado detectar las señales, localizar el camino, reconocer los estímulos que despiertan nuestras inquietudes. Y es que en el transcurso de la vida hemos aprendido a vivir desde el miedo. Tenemos miedo a lo desconocido, a no tener el control, a las opiniones de los demás, a no ser capaces, a no sentirnos seguros, a ser rechazados, a no ser correspondidos por la persona amada, a que nos echen del trabajo, a tener una enfermedad, a que nuestros hijos se desvíen del camino correcto, a la soledad, tenemos miedo al miedo, al dolor, a la muerte y por tanto a la vida.  Y la voz  que te atemoriza no se detiene si tu no la haces callar, si no le quitas el volumen y la dejas de escuchar. O cambias la forma de ver las cosas. 

No fue fácil para mí dejar de escuchar al miedo, pero fue necesario. 

La aventura que en estas páginas pretendo contar fue la suma de dos sueños: Sergi quería sentir la libertad de tener la casa en cualquier rincón del planeta y llegar a él por mar. Yo quería descubrir el mundo, conocer otras vidas, ponerme a prueba y de todo ello hacer mi forma de vida. La suma de estos dos proyectos se convirtió en uno solo: Vivir a vela. 

Es cierto que todos tenemos anhelos y no es necesario que sean grandes o enormes (como el nuestro). Todos tenemos deseos pequeños que se cumplen sin desestabilizar demasiado la rutina de nadie: un ascenso en el trabajo, un viaje, enamorarnos, escribir un libro, estudiar la carrera deseada, un coche, un hijo, alcanzar una cima, una casa más grande… Todos estos sueños son aceptados, normales. Tu entorno los aplaude, te anima a conseguirlos y te felicita cuando consigues realizarlos. Pero cuando dices que tu sueño es vivir en un velero, teniendo por residencia el planeta entero, sí, lo que estás pensando, tu familia y amigos reaccionan muy distinto: levantan una ceja, comprueban que tu copa sigue llena, que no es el alcohol lo que te ha hecho decir algo tan irracional, se remueven en su silla, y, por fin, cuando se dan cuenta que no estás bromeando, preguntan: ¿En serio?

Tras unos segundos viene la gran avalancha: ¿cuando?¿como? ¿en barco? ¿y el trabajo? ¿y la casa? ¿y vuestros hijos? ¿pero tú no te mareabas? Obvia decir que no quedan convencidos con nuestras respuestas. Esto más que un sueño es una quimera, una utopía, piensan, y que los que los persiguen suelen ser bohemios y que muchas veces tú has pensado que sería fantástico poder ni tan siquiera soñar así de grande, pero se aleja tanto de la estructura de nuestra zona de confort que parece ciencia ficción y por tanto no te lo permites. Dejas que pertenezca al mundo de la fantasía. 

Nosotros, en este libro, queremos demostrar que los sueños se cumplen. Que hay que soñar. Soñar grande a ser posible. Porque los sueños, si los deseas de verdad, se cumplen. 

Esta es la historia de nuestro proyecto. De nuestra aventura. En estas páginas recordaremos los primeros pasos, las dudas, las decisiones, los problemas. Contaremos el porqué. Iremos resolviendo el cómo, no mentiremos para hacerte creer que no tuvimos miedo. 

Nuestro objetivo es sentirnos libres para vivir de otro modo. Por eso conoceréis qué dejamos en tierra antes de soltar amarras, cómo gestionamos nuestras emociones y nuestros apegos, como logramos huir de la zona de confort. Nos queda mucho camino por recorrer. Vamos dando pasos despacio, sin precipitarnos pero sin detenernos. Es mucho trabajo el que nos queda por hacer. Mucho que aprender. Pero cuando cierres la última página de este libro, habremos zarpado.

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