Viviravela
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VIDA NAUTICA

Cala Sardina, IBIZA: La pared del fin del mundo y la basura que acabará con él.

¿Qué nos sobrecoge?

A mi hoy, una pared. La pared del fin del mundo, le pongo por nombre. Y es que en Cala Sardina me siento como Truman hacia el final de su show. Cala Sardina es la revelación de la naturaleza. Es el conmigo no vais a poder. Es la batalla ganada de Ibiza contra el ser humano. Y una mierda.

Llegamos a Cala Sardina buscando un sitio diferente donde fondear.Habíamos pasado el día anterior en Sant Antoni. A veces tenemos que dejar la tranquilidad del fondeo para hacer compras, alquilar un coche , repostar agua o atender temas de logística similares. Puede parecer extraño, porque realmente lo que conocemos, de dónde venimos, es de ese caos de horarios, colas, sonidos sintéticos y caras largas. Sin embargo, perdemos la costumbre muy rápido. Nos deshacemos de todo ello con la misma rapidez que nos acostumbramos a ir descalzos o no tener horarios ni rutina alguna. Y notamos que cuánto más tiempo pertenecemos a esta nueva vida, más nos intoxica “la normalidad”. Daños colaterales.

Cala Sardina IBIZA

Entramos a la cala más porque vimos un velero fondeado, que porque el sitio pareciese un buen lugar para quedarse. Se aprecia desde lejos que el único modo de acceder es por mar.


Es la mejor cala de Ibiza, nos dice un hombre que nada junto a su nieto cerca de su Beneteau. A Sergi y a mi el lugar nos deja sin palabras. Estamos en otro mundo.

El espacio de la cala da para (como mucho) dos o tres veleros. Nuestros vecinos nos anuncian que ellos en treinta minutos se van. No sé si fue por la impresión que nos causó el abrazo de la montaña o por saber que nos íbamos a quedar solos, que nos costó acertar en el fondeo. Parecíamos dos principiantes soltando su primer ancla.

Frontal Cala Sardina IBIZA

Una vez asegurado el fondeo nos tiramos al agua. Nos acercamos a lo que parecía una playa de piedra del tamaño de una mesa para ocho comensales. Desde este lugar se ve el mar abierto.  Si miras hacia delante. Porque si miras hacia atrás solo ves basura. Botellas, botes, pelotas, chanclas, quilos de plásticos. Nos sentamos en la breve orilla y reflexionamos sobre cuan ingenuos habíamos sido en nuestros cálculos. Habiendo pasado tres meses encerrados en nuestras casas, sin poder ensuciar, ni invadir ni estropear nada, creíamos que encontraríamos un mar más limpio, menos invadido de nuestra desidia. Nos comprometemos a bajar por la mañana a limpiar lo que podamos y nos quedamos en silencio.

Saltando de un pensamiento a otro siento que mi cuerpo no está en calma. Le doy vueltas para averiguar qué me pasa y llego a la conclusión que no es solo por la suciedad de la cala. Es algo más profundo. Me siento atrapada. Sergi, intuyendo mi desasosiego, me comenta que aquí no se escucha el ruido de las motos de agua ni lanchas que tanto nos molestan. Estamos solos. Solos.

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¿Es buena la soledad?

¿Por qué a veces la necesitamos tanto y otras veces nos ahoga?
Por la mañana me despierto con la necesidad de salir a cubierta y ver qué siento. Y ahí está la montaña, imponente. Poniéndome límites. Y aunque tengo el mar abierto a mi espalda, no puedo dejar de ver esa pared.

Podría sentirla como un abrazo, sentir algo parecido a una sensación de cobijo. Sin embargo quiero salir de aquí.
Puede que sea el tiempo que hemos pasado encerrados en casa por el confinamiento. Puede que sea porque necesito avanzar, porque no quiero detenerme. Puede que sea porque estar solos en una cala todavía me saca de mi zona de confort.
Lo cierto es que sentir lo que he sentido, en este espacio donde la Naturaleza es y se siente, ha sido un enorme regalo. Con el impulso de esta idea y tras el desayuno, Sergi y yo bajamos de nuevo a la cala. Toca limpieza. Es peor de lo que pensábamos.

El relieve de la montaña ha ganado la batalla de la imposición inmobiliaria, pero ha perdido por goleada la guerra de la asquerosa huella humana. Somos unos marranos. Unos cortos de miras. Lo que no vemos no lo sentimos. Sin embargo, si de algo estamos seguros es de que el planeta nos expulsará, sobrevivirá sin nosotros. Si seguimos a este ritmo, antes de lo que pensamos, no habrá rastro de nuestro paso por la Tierra.
Y nos lo tendremos bien merecido.

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Apuntes para navegantes

Cala Sardina está abierta al Norte y al Oeste. El calado está alrededor de los 15m. El fondo es de arena, aunque hay bancos de posidonia entre las rocas que debemos evitar tanto en el áncla como en el borneo de la cadena.

La capacidad es para dos o tres barcos. No hay cobertura, por tanto, si te vas a quedar varios días, es mejor que descargues las previsiones meteorológicas antes de llegar.

El mejor fondo lo encontrarás en la parte Este de la cala, cerca de una roca que sobresale del agua.

Carta Náutica Cala Sardina Ibiza

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